Despertares

Luego de mantenerse inactivo durante muchísimo tiempo, el Chaitén entró en erupción cubriendo de cenizas numerosas localidades en ambos lados de la cordillera. El evento provocó todo tipo de inconvenientes y hasta la necesidad de evacuar poblados enteros. El vulcanólogo de la Facultad, Alberto Caselli, viajó a la zona para estudiar de cerca el fenómeno.

13 de mayo de 2008

El viernes 2 de mayo sucedió un hecho sin antecedentes a lo largo de varios milenios: el volcán Chaitén, ubicado en el sur de la cordillera chilena, despertó de su profundo letargo y entró en erupción, despidiendo con fuerza inaudita una densa columna de gases y partículas que ascendió hasta 25 mil metros de altura. La lluvia de cenizas rápidamente afectó a las poblaciones aledañas, a un lado y otro de la frontera, a tal punto que obligó a evacuar a varios miles de personas en el país trasandino.

Si bien el hecho generó sorpresa dada la milenaria inactividad del Chaitén, cuya última erupción, según expertos chilenos, data de siete mil años antes de Cristo, hay que tener en cuenta que la Cordillera de los Andes forma parte del llamado Cinturón de Fuego del Pacífico, que abarca toda la costa oeste americana, luego gira a la altura de las Islas Aleutianas y baja por las costas de China y Japón extendiéndose hasta los archipiélagos del Pacífico sur. En ese marco debe considerarse como natural que los volcanes que la integran puedan, en algún momento, reactivarse y entrar en erupción. Claro que los tiempos geológicos pueden ser muy extensos.

Ahora bien, ¿puede anticiparse el momento en que un volcán se va a activar? “Sí, claro, lo que hay que hacer es mantener vigilado el volcán”, explica Alberto Caselli, director del Grupo de Estudio y Seguimiento de Volcanes Activos (GESVA), del departamento de Ciencias Geologicas de la Facultad. “Con ese objetivo se usan técnicas de sismología volcánica, geoquímica de fluidos, de gases fumarólicos, de agua, y también se puede medir si el volcán presenta deformaciones. Sin embargo, creo que en esta oportunidad, el fenómeno tomó de improviso a los organismos chilenos”, señala.

Del lado argentino la intensa lluvia de cenizas afectó principalmente a la ciudad de Esquel y a varias localidades aledañas. “El cielo se puso totalmente negro. En la puerta de mi casa tengo un manto de cenizas. Salís a la calle y parece que te bañaran con cal”, contaba en un medio de comunicación, una esquelense con estupor.

El asombro dio paso rápidamente al temor: ¿De qué están compuestas las partículas de ceniza? ¿Pueden ser tóxicas para las personas? “Las cenizas volcánicas son pequeñas partículas de magma. Seguramente están compuestas en más de un 60 por ciento por sílice, también por potasio, sodio, calcio, hierro y fósforo entre otros minerales. Es vidrio volcánico y, si bien no son tóxicas, hay que tratar de que ingrese la menor cantidad posible a nuestros pulmones porque pueden provocar algunos problemas, como broncoespasmos o inflamación de mucosas”, detalla Caselli.

Otra preocupación importante es lo que puede ocurrir con el agua, especialmente en aquellos lugares que se nutren de ríos o lagunas, ya que al depositarse gran cantidad, las cenizas pueden acidificarla o aumentar su contenido de arsénico. Si bien las autoridades están haciendo los análisis correspondientes, por precaución, están llevando miles de litros de agua mineral para el consumo de la población. “La localidad chilena de Futaleufú tuvo que ser evacuada porque el agua se había contaminado, había tomado un color celestito y había dejado de ser potable”, cuenta el geólogo.

Mientras se van acumulando los centímetros de cenizas sobre suelos, techos, árboles y hasta el lomo del ganado, los expertos admiten que no pueden prever si la emisión de material volcánico durará semanas o meses y tampoco si este tipo de episodios se repetirán en el futuro cercano. Por el momento el mayor peligro que acecha a la población, no es la ceniza ni la aparición de lava, que por su viscosidad y composición se movería muy lentamente, sino la posibilidad de que la columna de gases y cenizas pierda estabilidad y se formen flujos piroclásticos. “Esos flujos son nubes ardientes que bajan por los valles a 150 ó 200 km por hora con temperaturas de seiscientos grados y van quemando todo a su paso. Eso fue lo que pasó en Pompeya y en muchos otros en muchos lugares. Por esta razón se decidió la evacuación del Chaitén”, se preocupa Caselli.

El evento puede resultar útil para que las autoridades tomen conciencia de que en Argentina hay volcanes activos y que resulta imprescindible monitorearlos para poder prever este tipo de acontecimientos. Para eso, claro, es necesario invertir recursos. “Nosotros estamos monitoreando el Copahue, pero necesitamos apoyo económico -se lamenta Caselli-. Tener equipos funcionando a 1.600 km nos está costando muchísimo. Tenemos sólo un subsidio UBACyT de seis mil pesos anuales y cada campaña nos cuesta tres mil. Lamentablemente no hay apoyo del Estado. Presentamos un proyecto para equipar diez estaciones para monitoreo sísmico y volcánico y lo rechazaron”.

Otro trabajo necesario es la elaboración de un manual de procedimientos, de manera que, tanto Defensa Civil cómo la población en general, sepan como actuar frente a este tipo de contingencias. “Me lo están pidiendo mucho en zonas como San Martín y Junín de los Andes, donde tienen volcanes, tanto del lado argentino como del chileno. Y no sé si estarán preparados para actuar frente a un hecho así”, concluyó inquieto.

Fuente: El Cable Nro. 685

Gabriel Rocca