La gran simuladora

La Academia Nacional de Ciencias distinguió a Patricia Tissera con el premio Enrique Gaviola 2006, destinado a promover la labor de jóvenes investigadores argentinos. La astrónoma, que se dedica estudiar la formación de la estructura en el universo a partir de simulaciones numéricas, se mostró preocupada por el atraso tecnológico que sufre nuestro país.

22 de agosto de 2007

– ¿Qué significado le otorga al premio?

– Yo lo tomo como un estímulo para continuar. En realidad hay pocos estímulos para seguir en la ciencia argentina. Uno trabaja mucho, las horas que estás en un instituto, en tu casa, trabajas a la madrugada porque estás obsesionado con un tema, trabajas los sábados, los domingos. Yo en mi caso tengo familia, a veces los dejo el fin de semana porque me quedó algo pendiente y bueno, en algún momento uno se pregunta si vale la pena hacer tanto sacrificio. Es como un estímulo para darte cuenta de que todo ese trabajo no es en vano, que lo que hacés tiene valor realmente. Es un premio de la Academia Nacional de Ciencias, la verdad es que uno se siente reconocido.

– ¿Este tipo de premios facilitan la posibilidad de conseguir fondos para continuar investigando?

– Espero que sí, porque es un reconocimiento muy fuerte. A la hora de recibir un subsidio uno presenta un proyecto, que tiene que estar bien elaborado y justificado, pero el hecho de haber recibido un premio como éste, por ahí suma algún punto más a favor. Yo creo que, en ese sentido, es como una prueba de que uno puede hacer las cosas bien.

– ¿Cuáles son los ejes principales de su trabajo?

– Bueno, yo me dedico a hacer simulaciones numéricas en lo que se llama formación de la estructura en el universo. Lo que hacemos es simular cómo se van formando las diferentes estructuras en el universo, utilizamos computadoras y modelos numéricos. Básicamente tratamos de estudiar cómo se forman todos los objetos que miramos, donde las galaxias son la unidad básica. Entonces estudiamos la física, tratamos de expresar la física en términos de ecuaciones, esas ecuaciones las pasamos a modelos, los modelos a modelos numéricos y de ahí a simulaciones y tratamos de entender un poco si las hipótesis que adoptamos están bien o están mal.

– ¿De qué manera se validan las simulaciones?

– Tenemos que ser capaces de buscar parámetros que puedan ser comparados con las observaciones. Las observaciones proveen muchísima información sobre las galaxias hasta tiempos muy primitivos del universo. Vos tenés diferentes parámetros, pero vos sabés que existen ciertas características que tu modelo tiene que reproducir sí o sí. Por lo tanto lo que hacés es adoptar hipótesis, desarrollás tu modelo, corrés tu simulación y después tratás de estimar parámetros que puedan compararse con las observaciones y ver qué tan bien o qué tan mal te dio. Si no encontrás lo mismo es porque tu modelo es falso, entonces volvés para atrás.

– ¿Por qué se tiene que recurrir a simulaciones ?

– Bueno, analíticamente no se puede desarrollar porque los cálculos se vuelven imposibles. Las estructuras en el universo tienen una vida muy compleja. Es muy difícil poner eso en ecuaciones que puedan ser resueltas analíticamente durante todo el proceso, desde las primeras estructuras hasta las galaxias que observamos hoy. La única manera de resolver esas ecuaciones es utilizando herramientas numéricas y por eso uno recurre a modelos y simulaciones. No lo resolvés exactamente, son siempre aproximaciones, pero son buenas aproximaciones.

– ¿Para resolver esas ecuaciones se requieren computadoras muy potentes?

– Absolutamente. Ahora lo que se utilizan son los clusters o sistemas de computadoras con arquitectura de procesadores en paralelo, es decir que tenemos varios procesadores trabajando al mismo tiempo en el mismo problema y le repartimos el problema en partes y a cada uno le damos un trabajo. Entonces todos están colaborando en resolver las ecuaciones. Lamentablemente en Argentina no hay un centro de cómputos del nivel de los que hay en Europa, Estados Unidos o Asia. Acá lo más grande que hay son 128 procesadores, con suerte, cuando en otros países tenemos de 1.000 a 7.000 trabajando en paralelo. Entonces competir con ellos se hace imposible. En realidad no tratamos de competir, tratamos de colaborar y de insertarnos en estos grupos que tienen más poder de cómputo y hacer nuestra parte aquí con los recursos que nosotros tenemos.

– Tenía entendido que ustedes trabajaban con una computadora muy potente llamada HOPE

– Hope tiene 52 clusters. Cuando la compramos en 2004 era la más grande del país. Fue y es una gran ayuda porque nos permite desarrollar los modelos y empezar a testearlos, también correr algunos modelos simples. La está usando gente de astronomía, de física, de meteorología. Lo que pasa es que si uno quiere correr algo competitivo, grande, ya quedó chica. Hope fue un salto muy importante, ahora tenemos planes de agrandarla un poquito, pero siempre dentro de los cientos de procesadores. Lo que ahora se necesita es una fuerte inversión para tener un buen centro de cómputos con varios miles de clusters, mil ya sería importante. Es necesario que quienes tienen el poder de decisión entiendan que es una herramienta de trabajo fundamental porque si vos antes tenías que esperar tres meses para tener tu experimento y ahora resulta que lo resolvés en tres días, la escala de tiempo te cambia muchísimo, podés producir mucho más. La verdad es que en términos tecnológicos estamos muy atrás.

Fuente: El Cable Nro. 658

Gabriel Rocca