Frío, frío

El Laboratorio de Bajas Temperaturas del Departamento de Física acaba de incorporar un licuefactor que permitirá duplicar su producción de nitrógeno líquido. La investigadora Victoria Bekeris y el ingeniero Eduardo Pérez Wodtke describen las ventajas de contar con este equipo y los inconvenientes que tuvieron para concretar la adquisición.

18 de agosto de 2010

– ¿Cómo surge la necesidad de adquirir este equipo?

Bekeris: Nosotros hacemos experimentos en una rama de la física que se llama física del estado sólido a bajas temperaturas. Bajar la temperatura es bajar la energía de todos los grados de libertad que hay en el sistema. Es como si vos hicieras silencio en una habitación y entonces empezaras a escuchar algunos sonidos que antes no podías oír. Al enfriar ponés en evidencia interacciones en el sistema que de otro modo no verías. Lo que nosotros hacemos implica enfriar a temperaturas de helio líquido, que a presión ambiente alcanzan los -269ºC. Para eso se necesita una estación previa de enfriado para la que se usa nitrógeno líquido con el que se pueden alcanzar unos -169ºC. Nosotros contamos desde mediados del 99 con un licuefactor de helio de última generación, que tuvo un costo de alrededor de 250 mil dólares. Al ponerlo en funcionamiento empezó a quedar en evidencia un cuello de botella en relación con el apoyo de nitrógeno líquido que necesitaba esta máquina. La situación se agravó a partir del 2005 cuando llegó un magnetómetro SQUID, que es un dispositivo que mide con gran precisión propiedades magnéticas y utiliza bobinas superconductoras que deben enfriarse con helio. Esto generó la necesidad de aumentar el volumen de licuefacción de helio. En ese momento nos lanzamos a la búsqueda de fondos para comprar una máquina nueva. Hay que tener en cuenta que la producción de nitrógeno líquido la hacíamos con dos máquinas, una del año 58 y otra de la década del 60, que evidentemente eran muy buenas pero que sólo podían seguir en funcionamiento gracias al esfuerzo y la idoneidad del personal técnico que trabaja en el laboratorio.

– ¿Se trata de equipos muy costosos?

B: Sí, alrededor de 200 mil euros y no había subsidio que cubriera todo ese costo. Lo fantástico fue que la empresa holandesa Stirling nos dijo que podía acondicionar un viejo licuefactor que nos había donado Phillips unos años antes y que no teníamos en uso, y darle por 95 mil euros las mismas prestaciones que tenía el de 200 mil. Era una muy buena oportunidad y entonces nos presentamos y ganamos un subsidio PME (Proyectos de Modernización de Equipamiento) de la Agencia. No nos imaginábamos que nos estábamos metiendo en una infinita serie de complicaciones.

– ¿Tuvieron muchos problemas para concretar la compra?

B: Fue una odisea. El principal escollo fue que el equipo viejo tenía que salir del país como una exportación temporal a Holanda y luego reingresar ya transformado. Esa es una operación fuera de lo común. Eso generó un universo de papeles y autorizaciones que involucró al MINCyT, la Aduana, la AFIP, la UBA y la Secretaría de Industria y Comercio. Imaginate la enorme demora que se produjo. Gracias a la ayuda de la Secretaría de Hacienda de la Facultad y del decano, y al apoyo del director del Departamento de Física, pudimos encontrar una vía para llegar a una solución definitiva.

– Entre una cosa y otra, ¿cuánto tiempo pasó?

B: El llamado al PME fue en 2006 y el financiamiento salió en 2007. La máquina partió hacia Holanda recién en marzo de este año y volvió reformada en julio. Es decir que todo el proceso se demoró más de tres años. Y encima se trataba de una compra con pago adelantado, es decir que la firma había cobrado los 95 mil euros y nos pedía por favor que le mandáramos el equipo y nosotros no podíamos hacerlo.

– ¿Cuáles son las prestaciones más importantes que les entrega este equipo?

Pérez Wodtke: En concreto se trata de un licuefactor compacto de nitrógeno Stirling que permite producir hasta diez litros de nitrógeno líquido por hora. Pero lo más importante es que trabaja de manera automática y realiza una producción continua, es decir, que no es necesario pararlo luego de una determinada cantidad de horas de uso para regenerarlo. Esta máquina va a asegurar que siempre haya nitrógeno a disposición para el que lo necesite. Además, como nuestro equipo de licuefacción de helio también es muy automático, ambos equipos se pueden combinar de manera tal que puedan producir unos 300 ó 400 litros de helio con una supervisión no tan exigida.

– Además de la provisión propia, el nitrógeno que ustedes producen ¿tiene otros destinatarios?

PW: Sí, abastecemos a los laboratorios del Pabellón II, Industrias, al IAFE y a todos los laboratorios de enseñanza del Pabellón I. Proveemos sólo nitrógeno y no helio porque el helio es tan caro que lo tenés que recuperar. En este momento estamos recuperando entre el 97 y el 98% del total que utilizamos.

– La incorporación de este equipo, ¿en qué nivel tecnológico ubica al laboratorio?

B: Yo te diría que contamos con una tecnología básica y aceptable. La situación es la siguiente: -273ºC es el cero absoluto, más no podés bajar, pero sí te podés ir acercando más y más a ese límite. Nosotros podemos llegar a -271ºC ir más abajo ya requeriría otro tipo de tecnología. Igualmente hay todavía mucha física interesante por hacer en este nivel de temperatura. Por eso yo no diría que contamos con tecnología de punta pero sí que lo que hacemos es competitivo internacionalmente.

Fuente: El Cable Nro. 751

Gabriel Rocca