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16 de Diciembre de 2009
Una computadora por alumno
Ni tan barato ni tan bueno
A cuatro años del primer anuncio, el Gobierno decidió la compra de las computadoras escolares Classmate en lugar de las desarrolladas por Nicholas Negroponte, ideólogo de la iniciativa One laptop per child. Para conocer si existen elementos técnicos que respalden esta elección el Cable dialogó con Hugo Scolnik, quien dirigió los grupos que, desde Exactas, se encargaron de testear las máquinas.
Por Gabriel Rocca

“Un millón de computadoras a cien dólares cada una”. Ese fue el anuncio que hacia fines de 2005 realizó el entonces ministro de Educación Daniel Filmus luego de reunirse con el director del MIT Media Lab, Nicholas Negroponte, autor de la iniciativa “Una computadora por chico” (OLPC según sus siglas en inglés). El proyecto se propone fabricar computadoras de muy bajo costo para que sean adquiridas por gobiernos de países periféricos para ser distribuidas en las escuelas.

Sin embargo, a poco andar, retrasos en la entrega del prototipo final de la laptop, aumento en su costo y la aparición de otras empresas que ofrecieron opciones alternativas al modelo OLPC, fueron demorando y complicando la implementación del proyecto.

Finalmente, la semana pasada informaciones periodísticas dieron cuenta de que el Gobierno había decidido la compra de 250 mil computadoras escolares Classmate, desarrolladas por la empresa Intel, a un costo cercano a los 250 dólares cada una. La entrega de los equipos se efectuará en abril de 2010 y se distribuirán entre alumnos de escuelas técnicas de todo el país.

Ante las suspicacias que pudo haber despertado la resolución que deja de lado el modelo OLPC, el Cable consultó a Hugo Scolnik, director del Departamento de Computación de Exactas, quien encabezó el equipo de trabajo que tuvo por misión examinar los diferentes modelos de laptops que participaron de la iniciativa.

- ¿De qué manera lo convocan para participar del grupo de trabajo relacionado con el proyecto OLPC?

- Filmus me llamó y me pidió si podíamos encargarnos de hacer una evaluación tecnológica antes de tomar una decisión que implicaba tanto dinero. Recuerdo que en un principio, cuando vino Negroponte, tuvimos una larga conversación y él me dijo que el software de la OLPC debía ser argentino. Eso significaba que íbamos a tener una participación más activa y que no íbamos a ser simplemente un país que compraba pasivamente tecnología desarrollada por otros. Pero después la situación cambió. Ellos inventaron una interfase, totalmente novedosa, que tiene cosas interesantes, pero que generó problemas muy grandes. Primero porque como los padres no iban a entender el manejo de esa computadora no iban a poder ayudar a los chicos en nada. Segundo, se perdía el componente relacionado con la capacitación laboral, porque cuando el chico terminara el ciclo y saliera a la calle, esa interfaz no la iba a encontrar en ninguna parte.

- ¿Qué resultados entregaron las pruebas que hicieron sobre la OLPC?

- Los modelos fueron mejorando con el tiempo. Al primero le tiramos agua y lo volamos, por ejemplo, y si uno piensa que un chico va a usarla mientras toma Coca Cola, cualquier desastre podía ocurrir. Otro punto importante es que los chicos están habituados a la tecnología, están acostumbrados a una velocidad de respuesta y esas máquinas son muy lentas. Así lo indicaban nuestras pruebas, que fueron muy exhaustivas.

- ¿Cuáles fueron los resultados que obtuvo la Classmate?

- La Classmate es una máquina mucho más rápida, mucho más parecida a lo que es una netbook. Es muchísimo más robusta, está muy bien hecha. Es más cara, pero tampoco era negocio que se rompieran en cantidad.

- ¿Alguna vez existió la computadora a cien dólares?

- Nunca existió la computadora de cien dólares. Ellos no pudieron llegar a eso. No es una crítica. Probablemente era un objetivo demasiado ambicioso. Empezaron con cosas de muy baja calidad, fueron aceptando las críticas y avanzaron hacia cosas más sofisticadas, mejor hechas, pero entonces ahí el precio subió. Terminaron siendo máquinas bastante más caras que lo prometido.

- Uruguay, sin embargo, se decidió por las máquinas de Negroponte.

- Uruguay es un país que toma decisiones relámpago. En ese sentido me parece admirable. Ahora, yo creo que en este tema no tomaron la decisión correcta. Me parece que tendrían que haber pensado mucho más la decisión desde el punto de vista tecnológico. Creo que tendrían que haber buscado una plataforma distinta.

- ¿Las Classmate tienen un tipo de manejo similar a las que conocemos?

- Sí, vienen con Linux o con Windows. Con la máquina de Negroponte en La Plata habían hecho algo interesante, una interfase basada en Linux adaptada a esa máquina. Estaba muy bien y tenía la ventaja, además, de contar con miles de personas en el mundo que trabajan para mejorarla. Además, como todo es gratis, el día que se concreta la mejora, se baja y listo. Pero la gente de Negroponte no la quiso ni ver.

- Más allá de estas cuestiones técnicas, ¿está de acuerdo con la iniciativa?

- Yo creo que es imprescindible. El chico actual nace rodeado de tecnología ¿y cuál sigue siendo la interfase de la escuela? La maestra, el pizarrón y la tiza. Igual que en la época de Sarmiento. La escuela sigue siendo el mismo bodrio de toda la vida. Entonces al chico no le interesa, no es un mensaje que le llegue a los chicos de estas generaciones. Hay que cambiarla radicalmente. Al chico hay que proponerle proyectos interesantes y la tecnología es una herramienta para eso. El desafío es darles cosas que sean educativos y que además despierten su interés.
Fuente: El Cable Nro. 736