La era sin hielo

Jorge Rabassa, investigador del Conicet en el Centro Austral de Investigaciones Científicas de Ushuaia visitó la Facultad invitado por el Departamento de Geología. En una entrevista con el Cable describió las tremendas consecuencias que el calentamiento global viene provocando sobre los glaciares y advirtió que los pequeños glaciares de montaña están condenados a desaparecer durante la primera mitad de este siglo.

1 de junio de 2011

“Mi postura respecto del cambio climático es coincidente con la posición que sostiene la ONU a través de su organismo pertinente, el Panel Intergubernamental del Cambio Climático”, deja en claro en el inicio mismo de la charla Jorge Rabassa, investigador superior del Conicet en el Centro Austral de Investigaciones Científicas de Ushuaia. De esta manera, el geólogo sintetizó en una frase que considera que el calentamiento global es un fenómeno que existe y que sus causas son antropogénicas, es decir, consecuencia de las distintas actividades humanas que provocan un aumento de la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera, entre las cuales se destaca el consumo de los combustibles fósiles (petróleo, gas natural y carbón).

Rabassa fue el único científico latinoamericano invitado por la Pontificia Academia de Ciencias del Vaticano para participar de un simposio, que se llevó a cabo a mediados de abril, en el que se reunieron 28 de los máximos especialistas mundiales en cambio climático, provenientes de distintas disciplinas, química, física, geología y ciencias del mar y la atmósfera. Entre ellos estuvieron presentes varios premios Nobel. El encuentro tenía por objetivo discutir el destino de los glaciares, cuya incipiente desaparición podría provocar graves consecuencias planetarias. “Que el Vaticano haya tomado como propia la posición de Naciones Unidas es importantísimo”, destaca.

De visita en nuestra Facultad, invitado para dar una charla por el Departamento de Geología, Rabassa mantuvo una entrevista con el Cable en la que lanzó un pronóstico desolador: la desaparición de los pequeños glaciares de montaña durante las próximas décadas es inexorable. También explicó las razones por las cuales esta situación es irreversible; por qué el Perito Moreno parece resistir la debacle y expuso una visión poco optimista acerca del futuro del planeta. A continuación, una síntesis de la conversación.

– ¿Cómo impacta el cambio climático en los glaciares patagónicos y fueguinos?

– Mi interés por el cambio climático surge al ver que los glaciares empezaban a retroceder vertiginosamente. De hecho, cuando comienzo a trabajar en el tema, en la década del 70, los glaciares estaban en avance. Yo tengo un paper publicado internacionalmente sobre las morenas de empuje del glaciar Frías del cerro Tronador que es de 1977 ó 1978. Lo mismo, exactamente, sucedía en Los Alpes. El servicio glaciológico suizo, que es el que más sabe de glaciares en el mundo y hace 120 años que viene midiendo los glaciares con la característica precisión suiza, sostiene que el 78 fue el último año de avance de los glaciares en Los Alpes. A partir de ese momento, vemos que los glaciares, todos, empiezan a abandonar sus posiciones extremas y se van derritiendo vertiginosamente. Estos postulados cuentan con una gran documentación geológica, geomorfológico, dendrocronológica que nos permite demostrar que esto es efectivamente así. A tal punto que en 1986 publicamos un trabajo sobre un glaciar en retroceso del cerro Tronador y aplicamos una metodología para predecir la fecha en que podía llegar a desaparecer. Y, efectivamente, el glaciar desapareció en la década del 90. Es decir que nuestras observaciones y nuestro modelo de derretimiento se comprobaron totalmente.

– ¿Esto significa que no es que los glaciares van a desaparecer en un futuro próximo sino que ya hubo glaciares que se derritieron víctimas del calentamiento global?

– Por supuesto. Nosotros ahora, en nuestros trabajos, estamos anticipando que de los cuatro cuerpos de hielo que hay en el glaciar Martial, en las afueras de Ushuaia, tres van a desaparecer casi con absoluta certeza antes del 2050. Y hay otro glaciar que estudiamos en el Parque Nacional Nahuel Huapi, que se llama el glaciar del Cerro Bonete, que tenía un kilómetro de superficie en la década del 70 y hoy ese glaciar ha desaparecido. También el glaciar del Río Manso (también conocido como el Ventisquero Negro) en el cerro Tronador ha sufrido un verdadero colapso en los últimos 30 años. Hay múltiples evidencias de retrocesos masivos, inclusive catastróficos que anticipan que la inmensa mayoría de los pequeños glaciares de montaña van a desaparecer durante la primera mitad del siglo XXI. Pero el fenómeno es generalizado y afecta a todos los glaciares. Un ejemplo paradigmático es el del glaciar Upsala, el más grande de la Argentina continental que retrocedió más de ocho kilómetros en los últimos 25 años.

– ¿Es verdad que el glaciar Perito Moreno constituye una excepción a esta catástrofe generalizada?

– Sí, así es. Lo que pasa es que el Perito Moreno tiene características glaciológicas que explican este comportamiento. En primer lugar, como ya ha sido demostrado en otras publicaciones, la peculiar morfología que tiene el Perito Moreno hace que tenga una porción muy alta de su cuenca por encima de la línea de nieves permanentes y, por lo tanto, continúa teniendo alimentación masiva. Pero eso no quita que haya claras evidencias de adelgazamiento en el espesor del glaciar y además una reducción del ancho. Eso también está perfectamente determinado. Es muy probable que su típico comportamiento de avance, cierre del lago y retroceso continúe por un tiempo pero que en el futuro ya no se produzca nunca más.

– Si imaginamos, siendo optimistas, que la humanidad logra frenar la emisión de gases de efecto invernadero en los niveles actuales, ¿esto permitiría salvar a los glaciares?

– Los pequeños ya están condenados ¿Por qué? Porque han perdido tanto espesor que la relación superficie volumen es muy alta. Y la pérdida de masa se produce por la superficie, es decir, por la porción del glaciar que está expuesta a los agentes atmosféricos. Entonces, en aquellos glaciares que han superado ese umbral ya no hay retorno. En algunos casos podría ser que se alcanzara una posición de equilibrio y luego quizás podrían avanzar de nuevo en el futuro. Pero es altamente improbable. De hecho, si uno utiliza el Google Earth, y empieza a recorrer el frente de los hielos patagónicos, hay múltiples evidencias de glaciares que están en condiciones de colapso. No es uno, son todos, absolutamente todos, con la excepción del Perito Moreno y el Pío XI del lado chileno que, por su peculiar morfología, en términos glaciológicos están en condiciones de mantenerse en equilibrio.

– ¿Cuáles son las principales consecuencias que se derivan de la pérdida de estos glaciares?

– La primera consecuencia es que se está perdiendo una parte invalorable de nuestro patrimonio natural. Perder un glaciar es como perder un lago. Es como perder una especie animal o vegetal. En términos éticos tiene un valor comparable. Además la pérdida de estos glaciares es para siempre, no sólo en términos de la vida humana sino de permanencia de la humanidad sobre la superficie terrestre. La próxima glaciación va a tener lugar dentro de 10 mil o 15 mil años. Y, tal vez, ya no habrá más humanos en ese momento. Otro problema es que muchos de estos glaciares son recursos turísticos de gran valor escénico. Por ejemplo, en el caso de los glaciares del Tronador ¿Qué va a pasar cuando no existan más? ¿La gente va a querer seguir yendo para que alguien les diga: “aquí había un glaciar”? Probablemente no. ¿La gente va a seguir eligiendo esos destinos? Quizás no. Finalmente, los glaciares son fundamentales en la regulación de los sistemas hídricos. En mi ciudad, Ushuaia, el 95% del agua potable que consumen sus habitantes proviene de la cuenca del glaciar Martial. Cuando el glaciar desaparezca, ya no va a quedar hielo para preservar la nieve caída durante el invierno e ir liberándola lentamente durante el verano. Por lo tanto se va a ver afectada notablemente la provisión de agua de la ciudad y el agua se tornará un recurso escaso y de costosa obtención a partir de cuencas vecinas. Ni que hablar en La Rioja. Si desaparecen los glaciares y neveros del Famatina no va a haber más agua para alimentar todo el regadío del verano. Lo mismo pasa en Cuyo. La Argentina produce y exporta mil millones de dólares por año de productos de la industria vitivinícola y sus derivados ¿Qué le vamos a decir a esos viñateros cuando no alcance el agua para todos? ¿Quién va a financiar las obras de retención del agua a través de diques sucesivos para garantizar el riego durante el verano? Hoy la liberación gradual del agua se produce naturalmente. Sin glaciares toda la nieve se va a derretir al mismo tiempo a comienzos de la primavera, con lo cual, las crecientes impactarán sobre las zonas vulnerables que no están preparadas para recibir semejante caudal de agua.

– ¿Cómo ve el futuro del planeta en cuanto a las posibilidades de frenar el cambio climático?

– Estoy muy preocupado. Por un lado es imprescindible modificar las pautas de consumo porque si la humanidad continúa gastando energía de la forma en que lo hace actualmente, los objetivos que plantea el IPCC son prácticamente inalcanzables. Por otro, es preciso modificar la matriz energética desarrollando al máximo las energías renovables. Pero hay un tema muy importante, si el barril de petróleo alcanza los 200 dólares, entonces los inmensos yacimientos petrolíferos del norte de Canadá se vuelven rentables, con lo cual, Canadá pasaría a ser el país con mayor volumen de reservas de hidrocarburos del planeta, desplazando a Arabia Saudita. Si esto ocurre, las condiciones de consumo en los países desarrollados no se van modificar porque va a seguir habiendo petróleo. Esto nos permite reflexionar acerca de las circunstancias geopolíticas que hemos vivido en los últimos 10 ó 15 años, que parecieron dirigirse a empujar el precio del petróleo para arriba.

– Y en nuestro país, ¿existe preocupación en la dirigencia respecto de esta problemática?

– Muy poca. Yo creo que no se puede exigirle nada a Estados Unidos, aunque nos asista la razón, si nosotros, como país, no iniciamos acciones para enfrentar este tema. Porque lo que nos daría autoridad moral para reclamar este tipo de cosas en el concierto internacional es llevar la iniciativa. Pero a nivel local, la problemática del calentamiento global realmente se encuentra en un bajísimo orden de prioridad para las autoridades nacionales y provinciales. Yo no veo señales claras en ese sentido. Una acción concreta sería fomentar la generación de energía eólica en la Patagonia y la energía solar en el norte y noroeste, lo que permitiría modificar significativamente la matriz energética argentina. Creo que habría que avanzar en esa dirección. Mal no le va a hacer al país.

Fuente: El Cable Nro. 769

Gabriel Rocca