Conocimiento riguroso, acción oportuna


Sin dudas, las ya míticas “Charlas de los viernes”, a pesar de que finalizaron hace más de dos décadas, constituyen un hito que permanece en la memoria de todos los integrantes de la comunidad de Exactas y, en general, de todos los interesados en temas científicos. Ahora, con la idea de recuperar algo de ese espíritu, la Secretaría de Investigación de la Facultad lanzó una nueva actividad, los “Coloquios de los viernes”, con el objetivo de presentar temas en la frontera del conocimiento desde una perspectiva general, pensada para la amplia audiencia que supone Exactas: desde sus profesores hasta los estudiantes de los primeros años. La propuesta también pretende convertirse en un espacio de encuentro para que toda la comunidad de la Facultad pueda darse un tiempo para escuchar y hablar de diversos temas científicos de manera libre y relajada.

La apertura del ciclo estuvo a cargo de la climatóloga Carolina Vera. Vera es investigadora del Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera (CIMA UBA-CONICET) y del Instituto Franco Argentino de Estudios del Clima y sus Impactos (UBA-CONICET-CNRS); también es profesora del Departamento de Ciencias de la Atmósfera y los Océanos de Exactas UBA. Además integra el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC)

La charla, con muy buena convocatoria, se llevó a cabo en el aula 6 del Pabellón 2 y llevó por título “Cambio climático: Informar a la sociedad vs. investigar”. A lo largo del encuentro, Vera presentó los puntos centrales de las investigaciones sobre el cambio climático, la forma de trabajo multidisciplinario del IPCC y compartió su reflexión sobre la posibilidad y necesidad de hacer converger la investigación rigurosa y la interacción con los distintos actores sociales involucrados en cada problemática.

Las dos caras del científico

La investigadora comenzó su exposición recordando que durante mucho tiempo su trabajo se desarrollaba mayormente, al igual que el de la mayoría de los científicos, entre su laboratorio, la computadora, el impulso de proyectos y las publicaciones. Y, en aquellas particulares ocasiones en las que su labor se relacionaba de manera directa con la comunidad, se hablaba de transferencia o extensión. “Esas eran las palabras tradicionales cuando los científicos nos relacionábamos con la sociedad. Como si uno no formara parte de la sociedad, ¿no?”, ironizó.

Lo cierto es que todo eso comenzó a cambiar hace más de una década a partir de la enorme difusión que el tema del cambio climático fue ganando en la sociedad, del impacto económico y social de sus consecuencias y de su propio trabajo en el marco del IPCC. “Antes, uno podía decir: ‘esperemos a tener el resultado para transferirlo’. Hoy, las urgencias son otras”, consideró y completó: “Actualmente, tengo que seguir investigando con calidad y velocidad y, al mismo tiempo, dando respuestas a las necesidades de una sociedad que no podemos ignorar ni postergar”.

Enseguida, Vera desplegó las dos preguntas sobre cuyas respuestas quiso reflexionar durante la charla: ¿Cómo desarrollar ciencia de calidad y que sea socialmente percibida como relevante?; y,¿cómo lograr que también sea accionable? “Que algo sea relevante no necesariamente garantiza que vaya a ser utilizado para resolver un problema que afecta a nuestra sociedad”, sostuvo. Para ensayar una respuesta, la climatóloga adelantó que iba a utilizar como ejemplo la forma en que viene desarrollando sus tareas en el IPCC.

La investigadora recordó que el IPCC fue creado en 1988, que el primer reporte fue publicado en 1990 y que, el quinto y último, se dio a conocer en 2014 y sirvió de base para establecer el Acuerdo de París. “Para mí una de las claves del éxito de la actividad del IPCC tiene que ver con una interfase clara, transparente y rigurosa de diálogo entre ciencia y política. Porque no es que nosotros le mandamos el reporte por correo a los gobiernos para que lo lean y listo”, aclaró.

El IPCC es gobernado por un plenario del que participan representantes de los 195 países que integran el organismo. A su vez, existe un buró formado por unos 30 científicos (Vera forma parte, actualmente, de ese buró) que son postulados por el plenario al inicio de cada ciclo -que dura unos siete años y que culmina con la publicación de los reportes-, para coordinar todas las actividades. Dos veces por año, el plenario se reúne y va tomando decisiones en base a las recomendaciones que le hacen los científicos del buró. “A veces estamos de acuerdo con esas decisiones y a veces no”, confiesa.

La otra pata que -para Vera- resulta clave para el éxito del IPCC es la forma en que se realizan los reportes. “Se hacen de una manera que está muy tabulada, y que es rigurosamente transparente” asegura. En cada ciclo se escribe un reporte general que refleja todo el estado de situación y está dividido en tres grupos trabajo: uno se ocupa de las bases físicas del cambio climático; otro sobre impactos, adaptación y vulnerabilidad, y el tercero, mitigación. Hay un cuarto grupo que se ocupa del inventario de gases de efecto invernadero. También, en cada ciclo, se hacen reportes especiales.

Ahora bien, ¿cuál es el mecanismo para llevar a cabo, por ejemplo, un informe especial? En primer lugar los países deciden qué informes especiales se van a realizar. Luego, el buró convoca a una reunión, en la que se invita a expertos, para definir los alcances y las características generales del informe. Ese primer esquema debe ser aprobado por los países. “Ahí viene una negociación en la que cada país viene con su propia posición política e intenta torcer el enfoque científico para que coincida con su posición”, relata Vera. Una vez aprobado, los gobiernos y ONG nominan autores para llevar adelante la tarea. El Buró es el encargado de hacer la selección final de los autores tratando de mantener la diversidad científica, geográfica y de género. Una vez que se empieza a trabajar se hace un primer borrador que se abre a la comunidad científica y se reciben miles de observaciones. Luego se hace un segundo borrador que también es revisado por los gobiernos. Sobre esa base se hace el reporte final y un resumen para los decisores políticos, que es un documento de unas veinte páginas, que se aprueba en un plenario, palabra por palabra, y es el texto que los gobiernos usan de manera más directa.

El tercer elemento que, para la investigadora, configura el éxito del IPCC, está relacionado con el manejo de la incertidumbre. Inevitablemente, la evaluación y la comunicación del cambio climático implica una serie de incertidumbres derivadas de las diferencias entre observaciones, entre modelos distintos, derivadas de la variabilidad interna del sistema, etc. Pero, al mismo tiempo, “no podemos decirle a un gobierno: ‘no, mirá esto no te lo puedo decir porque todavía es medio incierto’. Porque, además, siempre va a haber un grado de incertidumbre, esa es la realidad”, se sincera Vera.

Para manejar esas incertidumbres se aplica una metodología en la que se tienen en cuenta la cantidad y calidad de las evidencias y el nivel de acuerdo que existe sobre un tema determinado. Entonces, cuando uno llega a una conclusión, a esa afirmación se le otorga un determinado nivel de confianza sobre la base de un modelo matemático. Obviamente, lo ideal es que haya un gran acuerdo y evidencia robusta, pero eso no ocurre en muchas oportunidades. “En el resumen del último informe se dijo que el calentamiento del sistema climático es ‘inequívoco’. Esa debe ser la primera vez que se dijo algo tan taxativo”, señala Vera.

Conocimiento y acción

En el último tramo de su exposición, Vera retomó la segunda pregunta que disparó al comienzo de la charla y remarcó la importancia de que el conocimiento sea accionable: “La evidencia reunida en el IPCC sobre el cambio climático y sus consecuencias no es sólo para que los gobiernos lo lean sino para que tomen medidas al respecto”, afirmó.

Sin embargo, eso no siempre ocurre. ¿Por qué? La investigadora comentó que la información climática tradicionalmente es brindada a partir del modelo lineal de ciencia y sociedad. Es decir, una investigación comienza en la academia a partir de la ciencia básica, luego se hace ciencia aplicada, que puede dar lugar a un desarrollo que termina redundando en un beneficio para la sociedad. “Este modelo que funciona bien para algunas áreas, no es efectivo para el caso de los problemas socioambientales”, sentencia Vera y se explaya: “Esto no se debe a que el conocimiento climático sea limitado sino que es consecuencia de que en un proceso de toma de decisiones se juegan otras cosas que tienen que ver más con cuestiones sociales, culturales y políticas”.

En este escenario, la climatóloga propuso una nueva metodología de investigación que se llama “codiseño y coproducción del conocimiento” por la cual investigadores de la atmósfera, científicos sociales y representantes de diferentes sectores de la comunidad, interactúan en diferentes instancias de diálogo e intercambio de conocimientos con el objetivo de desarrollar conocimiento y acciones para resolver un problema.

Vera contó que forma parte de un proyecto internacional por el cual esta nueva estrategia se está aplicando en el Departamento Bermejo, ubicado al norte de la ciudad de Resistencia, Chaco. Allí se encuentran trabajando antropológos, climatólogos, ecólogos, técnicos del Servicio Meteorológico Nacional, del INTA, junto con personas de la radio local, la escuela, agricultores, policía, etc. con el objetivo de brindar herramientas a los pequeños agricultores para enfrentar la extrema variabilidad climática que afecta a la región. “Para poder llevar a cabo estas actividades de codiseño y coproducción se requiere hacer, previamente, un profundo trabajo antropológico para crear lazos, generar confianza con los habitantes locales. Se termina creando una suerte de contrato social que uno tiene que firmar para llevar adelante esta metodología”, describe.

Para terminar y a manera de respuesta para las dos preguntas planteadas al inicio, Vera concluyó: “Me gustaría afirmar que es posible desarrollar ciencia de calidad que sea socialmente relevante para resolver problemas socioambientales, como aquellos relacionados con el clima. Pero, para profundizar la acción a partir de ese conocimiento es necesario aplicar nuevos paradigmas de investigación científica y estructurar un sistema académico científico que facilite y promueva estos nuevos paradigmas y no castigue a los científicos que trabajen en esos marcos”.