Aproximación a la ciencia

Alumnos y alumnas de escuelas secundarias cerraron con sus afiches los Programas "Experiencias Didácticas" y "Talleres de Ciencia" coordinados por la Dirección de Orientación Vocacional.

15 de noviembre de 2018

Quien haya pasado el viernes 9 de noviembre por el hall central del Pabellón 2, posiblemente haya creído encontrarse en medio de un congreso científico con sus posters y presentaciones. No fue exactamente eso lo que sucedió, aunque estuvo cerca. Alumnos y alumnas de escuelas secundarias cerraron con sus afiches los Programas “Experiencias Didácticas” y “Talleres de Ciencia” coordinados por la Dirección de Orientación Vocacional (DOV) de la SECCB.

El Programa “Experiencias Didácticas” consiste en la participación de uno o dos estudiantes en algún proyecto de investigación que esté en marcha en los laboratorios. Los Talleres de Ciencia, en cambio, son actividades grupales en instalaciones de la Facultad donde los chicos y chicas tienen una primera aproximación al tema que se desarrolla en cada carrera.

“La propuesta es que, antes de realizar cualquier elección vocacional, puedan conocer las carreras vinculadas a la ciencia y la tecnología”, explica Claudia Zelzman, directora de la DOV. “Este año participaron en los dos programas alrededor de 120 estudiantes de 65 escuelas. Fue un año bastante nutrido de participantes y eso se vio también en la muestra de hoy, en la que hubo mucha gente, muchas escuelas acompañándolos. Si bien las actividades son elegidas por los estudiantes, nosotros queremos que los colegios participen y acompañen en este proceso de transición entre la secundaria y la universidad”, afirma Zelzman.

Después de meses de trabajo, los logros quedaron plasmados en la muestra de posters que se realizó este viernes. “Una parte importante de la ciencia tiene que ver con la comunicación, y lo que hicieron los chicos con los posters fue una especie de simulacro de lo que se hace en el ámbito científico para comunicar las investigaciones”, explica la directora de la DOV.

Uno de los trabajos expuestos, por ejemplo, daba cuenta de la experiencia realizada en el Taller Detectives de la Química, en la cual los estudiantes pudieron diferenciar distintos medicamentos realizando pruebas químicas. En otro trabajo se preguntaban si es posible cubrir las necesidades energéticas mundiales utilizando energía eólica, en el marco del Taller de Recursos Energéticos y Medio Ambiente. Otro póster dio cuenta del desarrollo de un bastón ultrasónico para invidentes, desarrollado en el Taller de Aventuras Computacionales. Otros, identificaron hongos e incluso realizaron análisis y muestreos en la Reserva Ecológica de Ciudad Universitaria.

En todos los casos, los docentes a cargo se mostraron tan entusiastas como sus propios alumnos y alumnas. Eugenia Tomasini, que trabaja en el Departamento de Química Orgánica con pigmentos, lo vivió así: “Lo que se nos ocurrió hacer con los participantes fue sintetizar un pigmento muy sencillo, el acetato de cobre, con una receta de mediados del año 1500. A partir de materiales muy cotidianos, como en otras épocas, los chicos sintetizaron ese componente y después lo caracterizaron con varias técnicas: usaron microscopia infrarroja y electrónica, separaron cristales, observaron las distintas formas. Les interesó mucho porque era una perspectiva que no se imaginaban: encarar un trabajo científico de química pero desde la historia del arte, leyendo las recetas en español antiguo, reinterpretando lo que querían decir. Los chicos se divirtieron un montón y trabajaron mucho. Mi sensación es que terminan muy orgullosos de lo que hacen, sobre todo cuando se presentan en el congreso. Creo que es un excelente final”, cuenta Tomasini.

Por su parte, Brian, del colegio Santa Rosa de Lima, que participó de esta experiencia, dice: “Me sentí muy cómodo aunque el trabajo fue muy intenso. Uno, cuando ve desde afuera el trabajo del científico, no se da cuenta de todos los pasos que tiene que hacer para llegar a un resultado”.

En general, los chicos y las chicas coinciden en relatar que llegaron con cierto temor e incertidumbre y se fueron felices y satisfechos. Acuerdan, además, en el deseo que de que muchos otros estudiantes puedan acceder a esta especie de “privilegio” del que ellos formaron parte.

“Me parecieron superinteresantes todas las propuestas. Yo hice una experiencia con hongos. Me aportó un montón para saber qué hacer cuando termine la escuela porque me gusta mucho el laboratorio pero me di cuenta de que me gusta más el trabajo de campo”, dice Abril, del Nacional 19.

Este año, el número de escuelas participantes se incrementó a más del doble de las que hubo el año anterior. “Esta muestra ya tiene 16 años y estamos muy contentos de poder sostener las propuestas en el tiempo porque esto permite que los colegios lo incorporen dentro de su agenda anual. Saber que tienen un apoyo en contenidos científicos en un lugar de excelencia como este y que los chicos y chicas tienen la oportunidad de participar y formarse tanto para sus elecciones vocacionales como en contenidos específicos de ciencia, hace que las escuelas lo valoren mucho y lo agradezcan. Y nosotros estamos muy contentos de poder mantenerlo”, concluye Claudia Zelzman.

Patricia Olivella