Fin de los PICT: el impacto en la Facultad

El pasado jueves 4 de diciembre, el gobierno nacional anunció la baja definitiva de los PICT, la línea de financiamiento que resultaba vital para el trabajo diario de los grupos de investigación. La decisión impacta de lleno en la labor de cientos de docentes e investigadores de Exactas y en la calidad de la enseñanza de las distintas carreras. La vicedecana, Valeria Levi, explica los alcances de la medida.

12 de diciembre de 2025

Los Proyectos de Investigación Científica y Tecnológica (PICT) que otorgaba la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación, fueron durante años un motor esencial para el trabajo cotidiano de los diferentes equipos de investigación del sistema científico nacional. Una herramienta fundamental para financiar las tareas diarias de los laboratorios, las salidas de campo o el equipamiento menor, entre otras necesidades. Para el caso de Exactas UBA, según la vicedecana, Valeria Levi, la Facultad siempre tuvo aproximadamente un diez por ciento de la masa total de esta línea de financiamiento.

“La Facultad representa un porcentaje muy grande de lo que es la comunidad científica del país. De la convocatoria PICT 2022, teníamos 109 proyectos ganados”, afirma Levi. Esa fue la última convocatoria que culminó el proceso de evaluación. Involucra tanto a los 109 docentes investigadores titulares de los proyectos como a sus equipos, integrados por otros investigadores y becarios que, en gran medida, también trabajan dando clases. Según estima Patricio Santagapita, secretario adjunto de Investigación Científica y Tecnológica de la Facultad, la baja de esta convocatoria afecta entre 400 y 500 docentes de Exactas

La noticia vino a terminar de rematar una situación que ya era calamitosa, porque el gobierno nunca concretó los desembolsos correspondientes a esos PICT otorgados mediante concurso en el año 2022. “Desde que asumió el nuevo gobierno en diciembre de 2023, no solo se discontinuaron los proyectos que ya estaban otorgados, sino que en los últimos dos años tampoco se terminó de concretar la convocatoria 2023, que estaba abierta, ni hubo ninguna nueva convocatoria”, explica Levi.

La vicedecana recuerda que la Agencia tenía entre 30 y 40 convocatorias anuales a distintas líneas, como PICT y “Proyectos con empresas”, entre otras. “Durante estos últimos dos años no hubo ninguna de ningún tipo –remarca–, eso implica que la inmensa mayoría de los proyectos de investigación que se llevan a cabo en la Facultad sufren brutalmente por estos recortes sin sentido e inéditos. Nunca se había dado un recorte tan profundo en la historia”.

Por otro lado, Levi aclara que el quehacer de investigación va de la mano con la docencia, “por la transferencia en las actividades en el aula”. “Los equipos e insumos que habitualmente comprábamos con los fondos del PICT para nuestros experimentos, muchas veces también se destinaban a las actividades de docencia para mostrarles a los estudiantes lo último que se hacía en las distintas áreas –explica la investigadora–. Muchas materias de biología, química o física hacen trabajos prácticos en equipamientos que no estamos pudiendo renovar porque no hay plata para reparaciones, con lo cual, se pierden de aprender técnicas de avanzada. Una cosa es ver algo en un pizarrón y otra cosa es experimentarlo en un laboratorio”.

Si bien es cierto que la situación ya era problemática durante la gestión del gobierno anterior y los PICT habían perdido poder adquisitivo, existían otras líneas de financiamiento que complementaban y permitían sostener las actividades de investigación. “Tuvimos problemas con los desembolsos y no se respetó la cláusula de mejor presupuesto, que actualizaba los montos de acuerdo a la inflación. Así, los PICT vigentes cayeron brutalmente. Eso ya era un problema”, comenta Levi. Y agrega: “Si bien los montos eran limitados, el esquema anterior permitía utilizar la financiación vía PICT en insumos y se complementaba con líneas de financiación que otorgaba el ex Ministerio de Ciencia, que permitía adquirir equipamiento de gran porte”.

La investigadora señala que la mayoría de las facilities que hoy brinda la Facultad se han gestado en base al equipamiento comprado por esas líneas que brindaba el ex ministerio y que también se han eliminado. “Tenemos un ahogo triple –resume Levi–, por un lado, la Agencia, que está prácticamente en cero; por otro lado, la ahora Secretaría de Ciencia que no trabaja en ciencia, no tiene ninguna línea vinculada al sector científico; y a su vez, la universidad, porque el desfinanciamiento universitario también afecta al quehacer científico dentro de la Facultad”.

Desde el gobierno nacional se justificó la medida con anuncios sobre futuras nuevas líneas de financiamiento, supuestamente, con montos mayores, destinadas a algunas áreas consideradas como estratégicas. “Este llamado no reemplaza el financiamiento del sistema científico, porque lo que se estaría financiando son un número muy reducido de proyectos en un estadío final”, sintetiza la vicedecana.

Y argumenta: “Lo importante es saber que la ciencia es un camino largo. Puede comenzar con una idea arriesgada para los estándares de una época. Entonces, desde esa idea original hasta llegar a una aplicación concreta y transferible a la sociedad, pasan muchísimos años. Es un camino tortuoso en el cual el riesgo va cambiando. Al principio, es alto y no se ven los resultados en el corto plazo. En esas instancias, en todos los países del mundo, el que juega un rol fundamental es el Estado Nacional, porque financia cuando el riesgo de muy grande y eso permite que la idea que empezó siendo osada y que después se mejoró con experimentos que la avalan, puede empezar a desarrollarse y comenzar el camino hacia lo transferible. Recién en ese momento es cuando suelen entrar las empresas privadas, porque pueden ver que hay posibilidades de rédito económico. Antes no, porque el riesgo es muy alto y una empresa, lógicamente, busca ganar dinero. Entonces, ese camino es imprescindible, si uno lo corta por la mitad deja de haber ideas que después se vuelvan aplicaciones”.

Para Levi, con esta decisión sólo se busca financiar a un número reducido de proyectos muy maduros. “Tienen, como máximo, dos años para mostrar resultados positivos y alguna transferencia a una empresa privada”, afirma. Según la investigadora, en este punto radica otro problema: “El proyecto sólo se puede hacer con una empresa privada, con lo cual, deja afuera a otro tipo de empresas que estarían en condiciones y que también se podrían ver beneficiadas por este tipo de llamados. Otro problema que tiene es que los campos de aplicación son en áreas muy limitadas: energía y minería, agroindustria y salud. Quedan afuera muchísimas otras áreas que también podrían ser transferidas a empresas con distintos tipos de desarrollos”, sentencia.

Levi concluye brindando un ejemplo: “Estos llamados, además, piden que los grupos de investigación que se presenten sean consolidados. Esto significa que un investigador joven, con una idea excelente y novedosa que podría, incluso, ser transferible, no recibe financiamiento. ¿Qué puede hacer? Se retira y se dedica a otra cosa o se va al exterior. Así, lo que el gobierno nacional está rompiendo con estas decisiones es un ecosistema, toda una cadena que, si se parte un fragmento, se parte todo”.             

Adrián Negro