Historia de una pionera


Cuando Delfina Molina y Vedia irrumpió en el patio de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales se puso en marcha un proceso que aún no concluye. Corría el año 1900 y Delfina era la primera mujer dispuesta a estudiar una carrera en aquella facultad de la Universidad porteña.

Aunque el cambio de siglo trajo consigo cierto aire modernista, el espacio público seguía siendo un territorio esencialmente masculino. Y la Universidad no era la excepción. En 1883, Élida Passo fue rechazada para estudiar medicina. Se había graduado como farmacéutica pero la Facultad le negó la posibilidad de continuar sus estudios. Passo recurrió a la justicia sin éxito, pero abrió el camino para que unos años después pudiese ingresar y culminar su carrera Cecilia Grierson.

Las trabas eran múltiples: muchas instituciones acuñaban prejuicios de género y el propio Código Civil consagraba para la mujer adulta los mismos derechos que para un niño: la mujer era hija, hermana o esposa y, por lo tanto, era el hombre quien fijaba residencia y debía autorizarla para emprender actividades públicas.

Exactas y la flamante Facultad de Filosofía y Letras mostraron una política diferente a la cultivada por las facultades de Medicina o Derecho hacia la mujer. Como cuenta la propia Delfina, fue Atanasio Quiroga, profesor de la carrera de Química, creada en 1896, quien la convenció para que abandonara su plan de anotarse en Filosofía y se inscribiera en Química argumentando que “la química es la carrera ideal para una mujer”.

A más de un siglo de aquellos acontecimientos, la historia de Delfina Molina y Vedia, es recuperada en un nuevo libro de la serie del Programa de Historia de la Facultad, editado por Eudeba, que lleva como título “La Química es para las mujeres”, recientemente presentado en la Facultad con la participación de Dora Barrancos, Silvina Ponce Dawson, Ana Quaglino, Lucía Pedraza y Florencia Molina y Vedia, quienes, junto a los autores del libro, cruzaron una y otra vez el puente que une la historia de Delfina con la situación actual de la mujer en el campo de la ciencia.

Ana Quaglino, subsecretaria de Extensión Graduados y Cultura Científica de la Facultad, es también la responsable del GenEx, el Programa por la Igualdad de Género en Exactas. Desde el GenEx se pretende que las prácticas y políticas institucionales incorporen una perspectiva de género.  Quaglino celebró la aparición de un libro sobre Delfina: “Si estas memorias no se preservan de manera activa el paso del tiempo las vuelve irrecuperables”, señaló.

Florencia Molina y Vedia, nieta de Delfina, sumó a la presentación recuerdos y rasgos de una familia singular. “El libro fue, para mí, una sorpresa. Me encontré estudiando a mi abuela y pude verla  en perspectiva, como mujer de fines del siglo XIX, una mujer rebelde que no se acomodó al papel de dama de la aristocracia”.

A su turno, Lucía Pedraza, miembro del Consejo Directivo en representación de los Estudiantes, y analizó varios pasajes del libro señalando la vigencia de aquellas cuestiones. “Cuando se les pregunta a profesoras o investigadoras si tuvieron alguna dificultad en su carrera, la primera respuesta es que no, y recién reflexionando un poco más se empieza a advertir que hay cosas que, por ser mujeres, se vuelven más difíciles. Resulta curioso que Delfina parece decir lo mismo. En sus textos afirma haber tenido mucho apoyo de la Facultad, de su familia y de sus compañeros, pero esto contrasta con su propia experiencia”.

Silvina Ponce Dawson, profesora del Departamento de Física e integrante de Woman in Phisycs, también se refirió a la situación actual: ”Hay discriminaciones sutiles que hacen que las mujeres en ciencia sean casi invisibles. No necesitamos ir muy lejos: la lista original de charlistas invitados a la reunión nacional de la Asociación Física Argentina de este año no incluía a ninguna mujer, a pesar de que somos alredeodor del 30% de la comunidad. Peor aún, la conferencia “Fronteras en Biociencia 2”  tampoco incluía ninguna mujer entre los charlistas de Argentina. Y la biología es una carrera con mayoría femenina. La situación fue subsanada luego de que se quejaran varias mujeres. ¿Es necesario quejarse para que las mujeres sean tenidas en cuenta?”

Cerrando el encuentro, Dora Barrancos, investigadora de CONICET y Profesora Consulta de la Facultad de Filosofía y Letras, donde fue directora del “Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género” (IIEG), analizó los espacios universitarios que se mostraban más permeables al ingreso de mujeres. “Los Estados modernos son patriarcales y una de las primeras preocupaciones fue ocuparse nada menos que del Código Civil que ubicó a las mujeres en inferioridad jurídica. El derecho era de una misoginia absoluta, porque derecho es estructura, orden jurídico, vertebración del Estado y, por lo tanto ,ahí la exclusión fue fortísima”, recordó Barrancos.

Siguiendo su intervención, se mostró “completamente sorprendida de encontrar una Delfina a quien ubicaba como una mujer de las letras y el arte pero no como una pionera de la química”, y  señaló diversos aspectos del libro y la vida de Delfina que merecen futuras investigaciones.