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22 de Agosto de 2007 “Hoy la acción está en la intersección de los Departamentos” |
| Un desafío a la cultura |
| Después de poco más de cuatro años al frente de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, Lino Barañao conversa con el Cable acerca de los objetivos de su gestión, de las barreras culturales que resta atravesar para alcanzar un modelo productivo sustentado en el conocimiento, y del rol de Exactas en ese proceso. |
Por Gabriel Stekolschik
- Usted planteó como objetivo de su gestión la necesidad de alcanzar un modelo productivo cimentado en el conocimiento. En ese sentido, ¿cuánto se ha avanzado?
- Nuestro objetivo es avanzar hacia una economía basada en la producción de bienes y servicios conocimiento-intensivos, porque estamos convencidos de que las sociedades que basan su economía en el conocimiento requieren de un alto nivel educativo, y esto a su vez está asociado a una mejor distribución de los ingresos y, por lo tanto, a sociedades más justas y democráticas. Entonces, en definitiva, el objetivo es social, más que económico. Creo que se produjeron avances considerables en este sentido. De hecho, vimos que aquellas Pymes que recibieron apoyo de la Agencia durante la crisis, no sólo sobrevivieron más eficazmente que las que no lo habían recibido, sino que lograron pasar de una primera etapa de sustitución de importaciones a una segunda etapa de exportación de esos productos tecnológicos. Creemos que esto es muy importante, pues las Pymes son las que mantienen y generan la mayor parte de los puestos de trabajo.
- ¿Podría citar un ejemplo concreto?
- Un caso, que para nosotros es muy claro, es el de una empresa creada por un investigador en microbiología de la Universidad de Rosario. Como, durante la crisis, no era posible adquirir los fermentos para la producción de lácteos, empezó a producirlos en el garaje de su casa. Comenzó, abasteciendo localmente y, gracias a los sucesivos financiamientos que obtuvo, fue incorporando nuevos desarrollos. Ahora abastece a América Latina con distintos tipos de bacterias, y está inaugurando una planta de 400 metros que emplea a decenas de personas. Esto, a su vez, tuvo un efecto multiplicador muy grande, porque le permitió sobrevivir a las empresas de productos lácteos que no tenían insumos. Es decir, estos pequeños subsidios que damos a las Pymes tienen un efecto de derrame muy importante, porque afectan a toda una cadena productiva.
- ¿Han medido este efecto?
- Hicimos un estudio que muestra que, con sólo diez de estos casos medianamente exitosos, se recupera toda la inversión hecha en subsidios a todas las empresas. También, hay encuestas que indican que no reemplazamos la inversión privada, sino que estas empresas no hubieran podido encarar estos desarrollos sin el apoyo estatal a través de la Agencia. Muchas veces se habla de que el sector privado está retrasado en cuanto a inversiones, pero hay que ser cautos. En países como Italia, por ejemplo, donde hay una gran proporción de Pymes, es el Estado el que tiende a hacer el apoyo más activo a este tipo de desarrollo. Hay un sector que ha crecido muchísimo con el apoyo de la Agencia que es el del software. Y ahora esto se va a incrementar aun más porque hay un fondo específico, que es el FONSOFT. Algunos datos preliminares indican que, actualmente, trabaja más gente en la industria del software que en la de la carne. Lo cual no es menor, porque son puestos de trabajo cualitativamente distintos. Porque la calidad de vida de un trabajador de una cadena productiva conocimiento-intensiva es infinitamente mayor que alguien que trabaja en la producción de commodities. El hecho de que la industria del software sea más importante que la de la carne indica que nos estamos convirtiendo en un país desarrollado, no sólo económicamente sino socialmente.
- ¿Qué queda por hacer?
- Ahora estamos abocados a la creación de nuevas empresas de base tecnológica, para lo cual, mas que atender simplemente a la oferta, que es lo que hemos venido haciendo, tenemos que pasar a tener una actitud de promoción. Justamente, somos una agencia de promoción, y no de financiamiento solamente. Esto implica desafíos no sólo en cuanto a los instrumentos de financiamiento, sino fundamentalmente a nivel del cambio cultural que es necesario para que esto prospere.
- ¿A qué se refiere con la necesidad de un cambio cultural?
- Yo siempre menciono el caso de una encuesta que se hizo en Canadá en la que se preguntaba a los ciudadanos comunes, los que financian con sus impuestos a la universidad pública, qué era lo que esperaban de ella. Y la respuesta mayoritaria fue “puestos de trabajo dignos y bien remunerados”. Eso es lo que espera el padre de familia cuyos hijos no fueron a la universidad, que alguien les genere un puesto de trabajo. Yo creo que tiene que haber un nuevo tipo de empresario, con conocimientos tecnológicos y con responsabilidad social. En China, si un investigador o un alumno tiene algo novedoso o potencialmente aplicable tiene la obligación de crear una empresa al servicio de su pueblo. Es una cuestión de responsabilidad social, el concepto de bien común se aplica a eso. Porque son conscientes de que el impacto social pasa por crear puestos de trabajo, pasa por crear actividades económicas distintas de cultivar arroz, por ejemplo. Y en todas las universidades de China hay incubadoras de empresas, y es el sector más dinámico. Aquí, cuando presentamos el proyecto de creación de Incubacen en el Consejo Directivo, como decía que la incubadora debía tender a apoyar proyectos que tuvieran un impacto social o de mercado, los estudiantes cuestionaron la palabra “mercado” porque lo consideraban un término neoliberal. Digamos, “mercado” es un término técnico, así como el término “fuerza” tiene un significado estricto en física y no va a ser considerado autoritario por los egresados de Sociales, ¿no?
- ¿Qué lugar debería ocupar la FCEyN en un marco de desarrollo productivo sustentado en el conocimiento?
- Siendo el centro que posee la mayor cantidad de investigadores en las disciplinas duras, que tiene la capacidad de ser un polo de creación de conocimiento, yo creo que la Facultad de Exactas no puede rehuirle a la posibilidad de convertir ese conocimiento en actividades productivas. El hecho de hacer ciencia de primer nivel no nos alivia de la responsabilidad de que debemos, al mismo tiempo, crear puestos de trabajo para los excelentes profesionales que estamos formando.
- ¿Cuáles son las dificultades para que Exactas cumpla ese rol?
- Creo que hay que crear condiciones para que aquellos que tengan una vocación de emprendedor, que no se sienten atraídos por ser docentes full time toda su vida, la puedan desarrollar. La primera etapa es la de legitimación social. Es decir, que cualquier individuo que quiere crear su empresa considere que lo que está haciendo es legítimo, que no está infringiendo ninguna norma, y que, por el contrario, es útil. Y que debería ser bien visto por sus compañeros porque está cumpliendo con una responsabilidad que nos incumbe a todos.
- ¿Esta legitimación social no existe en la actualidad?
- Hay ciertos preconceptos de que lo privado es malo y lo público es bueno. Y eso no tiene fundamento. No he visto ninguna diferencia significativa en cuanto a calidad moral entre los empresarios y los investigadores. He visto empresarios que han empeñado su casa y han pedido plata prestada para mantener su empresa y garantizar la fuente de trabajo de sus empleados, y conozco investigadores que han usado becarios para garantizar su supervivencia académica o su éxito profesional. Existe también el preconcepto de que generar riqueza es algo pecaminoso, y nada más lejos de la verdad. Para un profesional universitario, generar riqueza para el conjunto de la sociedad no sólo no es un pecado, sino que es una obligación moral. Si realmente queremos cambiar el modelo y avanzar hacia una sociedad más justa, no hay otro camino que avanzar hacia una economía basada en el conocimiento, que requiere del compromiso de los egresados de las universidades públicas. Porque si no, está claro que este nicho lo van a ocupar otros.
- Otro objetivo que usted se planteó desde el principio de su gestión fue el de generar interactividad entre diferentes disciplinas, incluidas las ciencias sociales, para promocionar el desarrollo de ideas.
- Sí, en ese sentido pienso que también Exactas tiene oportunidades únicas de hacerlo. Lamentablemente no es fácil. Hace poco apareció un artículo en Nature que decía que las estructuras departamentales que tienen las facultades impiden los trabajos interdisciplinarios. Y hoy la acción está en la intersección de los departamentos.
Estamos creando un polo científico tecnológico en Palermo, donde se priorice la interacción. Donde la gente interactúe aportando distintas visiones a un problema común. Un ámbito más interactivo, también, con la sociedad en general, que es algo que está faltando. En algún momento de la carrera debería darse a todo investigador pautas de cómo comunicar lo que hace. Porque es parte de su rol. Mínimamente, yo creo que la sociedad le paga para que obtenga conocimiento y lo transmita. Si no, el tema de que la sociedad toma decisiones informada es verso. De alguna forma, la Facultad de Exactas está física y culturalmente lejos de la sociedad. En este sentido, es imprescindible la interacción entre las ciencias sociales y la tecnología. Tenemos que llegar a manejar un lenguaje común, una especie de “portuñol”, en el que cada uno entienda cuáles son los problemas fundamentales de la otra disciplina, y logre transmitir su propia problemática a un especialista en otra área. Todo lo que implica una interacción entre las ciencias sociales y las llamadas ciencias duras, o las tecnologías, me parece que es hoy ámbito de crecimiento. Sobre todo porque este cambio del modelo económico tiene, esto se sabe, una limitante, que no es tecnológica ni económica sino que es cultural. La barrera es cultural.
- ¿Cómo se supera esa barrera?
- Lo que hay que superar son los preconceptos tribales que nos separan, para convertirnos en una supertribu que nos contenga a todos. No puede ser que estemos produciendo solamente macroeconomistas, y no tengamos profesionales capaces de llevar adelante una empresa de base tecnológica, porque un economista no sabe nada de tecnología, así como un biólogo o un químico no saben hacer un cheque. Si mantenemos esa compartimentación no hay chance de que logremos algún cambio trascendente.
En Nature, el argentino más citado por la originalidad de sus ideas no es ningún científico, es Borges. Y eso muestra varias cosas. Primero, qué aporte pueden hacer las artes y las ciencias sociales a tener ideas novedosas. Y segundo, lo importante que sería poder tener gente que apareciera en la literatura por la originalidad de sus ideas, y no por el aporte sistemático. Porque el aporte sistemático finalmente es efímero. Las cosas que hizo Leloir en los años ´50 fueron muy importantes, ganó el Premio Nobel, pero ya nadie las cita. Lo que a Borges se le ocurrió al mismo tiempo sigue siendo citado como una idea original. Una idea fructifica a veces en hallazgos importantes. Una de mis preocupaciones por mi función actual es cómo hacer para alentar la creatividad a nivel científico. Eso, porque creo que tenemos esa capacidad.
- ¿Qué va a hacer después del 10 de diciembre?
- En principio, digamos que me gustaría seguir en esta gestión. Realmente, esto me entusiasma porque no deja de ser una actividad experimental, sólo que a veces uno puede ver los resultados más rápido que en el laboratorio. Y pienso que es importante, si no soy yo, que el que se haga cargo sea alguien que venga del ámbito científico. Porque esta visión es fundamental a la hora de gestionar los recursos para el propio sistema.
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| Fuente: El Cable Nro. 658 |
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